Todo sobre la DANZA ORIENTAL

Orígenes de la Danza Oriental

La danza del vientre es una de las más antiguas del mundo, que combina elementos de diferentes países del Medio Oriente y Norte de África. Sus orígenes son tan inciertos como misteriosos. Encontramos atestiguado el ancestral origen del baile en el arte del antiguo Egipto donde está representado como parte de la vida cotidiana y donde es posible deducir que bailarinas, músicos y artistas de todo tipo participaban en festejos, banquetes, procesiones funerarias y ceremonias en honor a los faraones y sus dioses.

Hay quienes consideran que la danza oriental se remonta a la época de los faraones, otros dicen que se desarrolló como un ejercicio pélvico para ejercitar el cuerpo de la mujer para el alumbramiento.

Una de las teorías cuenta que durante la época faraónica se tapaba a la mujer desnuda con una tela sujetada por el cuello, puños y tobillos, y se introducía una avispa. Ganaría un premio del faraón si lograba, mediante sus movimientos, que la avispa no le picara durante 20 minutos. Básicamente se consideraba una provocación sexual para le faraón y mediante este “baile” (movimientos para evitar ser picada), se origina la danza oriental.

Otra de las teorías considera que en estos tiempos remotos, difíciles de precisar con claridad, existían sociedades matriarcales en las que se adoraba a la Divinidad bajo la forma de DIOSA-MADRE y la capacidad de las mujeres para crear vida. La Diosa Madre ha sido representada en distintas épocas y culturas bajo diferentes nombres: Afrodita, Artemisa, Astarté, Atenea, Ceres, Cibeles, Hathor, Hera, Hestia, Ishtar, Isis, Parvati, Venus y muchos otros.  Se cree que comenzaron a desarrollarse las danzas de la fertilidad en las que se recreaba simbólicamente el movimiento de la mujer en el alumbramiento (bruscos movimientos de cadera, contracciones musculares, así como los movimientos ondulantes, recuerdan las reacciones del cuerpo de la mujer en el momento del parto). En algunas culturas, las mujeres rodeaban a la parturienta bailando a su alrededor, para infundirle la energía y la sabiduría necesaria durante el parto.

Se han encontrado centenares de papiros, relieves y estatuillas con variadas escenas de música y danza, donde se muestran  sacerdotisas oficiando mágicos rituales, con una corte de músicos y de bailarinas semi-desnudas acompañando a los mismos. Otras veces, las podemos observar luciendo unas prendas interiores de dos piezas, parecidas a nuestro conocido biquini; otras en cambio, aparecen cubiertas con telas plisadas semi-transparentes.

En aquellos tiempos faraónicos, podíamos distinguir no sólo las danzas de carácter sagrado que se ofrecían siempre en honor a un dios, sino también las danzas laicas que se oficiaban en banquetes, bodas y funerales, y por supuesto, las danzas populares, donde normalmente se realizaban en palacios o en casas particulares; en estas últimas, al ser más informales, debía reinar más la improvisación y la espontaneidad. Aunque no todas eran así. Muchas de las danzas representadas eran impresionantemente acrobáticas, donde realizaban todo tipo de piruetas.

Este período de la historia egipcia, terminó con la derrota de Cleopatra y Marco Antonio, tras la conquista romana el 30 a.C, bajo la mano de Octavio Augusto, futuro emperador de Roma.

Fragmento de una pintura encontrada en “La Tumba de las Bailarinas” en Dra Abu el-Naga, Tebas. Dinastía XVII (1648-1550 a.C.)

En Grecia la danza también fue muy importante y destacada. Los antiguos griegos la consideraban de origen divino al igual que la música, y conformaba una especie de lenguaje utilizado para expresar sus emociones y sentimientos más profundos, poniendo más énfasis en la fuerza de la caracterización, que  en la perfección de la interpretación. Al igual que la música, la danza estaba presente en los momentos más significativos de la vida de los griegos; acompañaba los banquetes, matrimonios y funerales. También las composiciones literarias, como las comedias y las tragedias, incluían la representación de varios tipos de danza.

También en la antigua Grecia y en Roma, se realizaban danzas de la fertilidad basadas en la rotación de caderas y vientre. Algunas de ellas se realizaban en honor a las diosas. Muchas de estas divinidades provenían del este, en particular de Siria y Turquía. En Chipre, lugar de nacimiento de Afrodita (diosa griega del amor y la fertilidad), las mujeres realizaban danzas rituales eróticas acompañadas de cantos y percusión, mediante las cuales se ponían en trance. Esto les permitía entrar en contacto con la energía de la diosa, y que ésta les pasase todo su poder.


En el siglo I d.C. aparecen los primeros (y casi únicos) testimonios donde se describe la curiosidad que provocaba la danza de las bailarinas fenicias, llegadas al puerto de Gades, que  movían los músculos del estómago permaneciendo totalmente rígidas.

A partir de aquí llega una época de oscurantismo, ya que apenas hay referencias escritas sobre esta danza. Fue un momento de guerras, conquistas, miedo y hambre en el que las artes en general sufrieron un gran declive.


La danza del vientre es una danza mestiza ligada casi siempre al país de los faraones. Muchos de sus movimientos básicos los encontramos también en infinidad de antiguas culturas.

A pesar de no disponer de avanzados medios de transporte, el desplazamiento de personas era bastante frecuente en la antigüedad (bien para ampliar relaciones comerciales, bien a causa del tráfico de esclavos de procedencias muy dispares) y se trasladaban continuamente de una región a otra; provocando así una gran mezcla cultural.

Se ganaban la vida con el pastoreo y la artesanía (fabricando cestos, trabajando el metal…) pero ante todo a través de sus dotes para la danza y la música.

En el siglo V comenzó una gran migración de pueblos nómadas procedentes de lo que fue el Valle del Indo (Norte de la India).

Estas caravanas a lo largo de los años, fueron estableciéndose en distintos lugares del globo, mezclándose con la cultura y las artes de los países que encontraban por el camino y añadiendo sus propias aportaciones culturales, creando una mezcla única. De ellos se dice que han influenciado en la música y la danza de muchos lugares. Muchos expertos señalan también, que de ellos evolucionaron la mayoría de pueblos gitanos que habitan en el mundo.

Aquí hay una muestra de los lugares que formaron parte de este largo exilio, que se sucedió de forma gradual a lo largo de 15 siglos aprox. partiendo inicialmente de la India hasta:

  • Afganistán, Persia y Armenia
  • Desde allí a Turquía, Europa, Hungría y Transilvania.
  • Otros siguieron al sur hasta Egipto y otros lugares de África.
  • Otros se desviaron al norte, hacia Escocia, Inglaterra y los Países Escandinavos.

Centrándonos en sus aportaciones a la música y el baile, podemos encontrar su influencia en diversas artes, como por ejemplo en el flamenco; que aunque alcanzó su auge y popularidad en el sur de España, es innegable ver por ejemplo, que el cante y la danza flamenca, tienen marcadas reminiscencias de los árabes; y éstos a su vez, heredaron muy posiblemente diversas influencias de estos pueblos venidos de la India.

Egipto, tampoco se libró de las influencias gitanas. Allí se hicieron muy conocidas las “Gawazi”, que significa literalmente “forasteros o invasores”. Hay muchas teorías acerca de su auténtico origen ya que con el paso del tiempo, estas gitanas que se afincaron en el Alto Egipto, representaban una mezcla diversa de razas bastante alejadas de sus verdaderos orígenes. Las bailarinas de estas tribus actuaban normalmente para audiencias de clase social baja en contraposición con las mujeres musulmanas más respetables que se ganaban la vida cantando recitando poemas y contando historias en la reuniones de los hombres. Por su popularidad Gitana, fueron consideradas mujeres de mala reputación y llegaron a ser expulsada de Egipto (como estudiaremos más adelante).

Hay que recordar que el nombre utilizado en Egipto para designar nuestra danza es “Raks Sharqi” (danza oriental, o “la danza que viene del este”). Muy posiblemente su nombre hace referencia a esos pueblos nómadas que llegaron precisamente desde esa dirección. Su mezcla con pueblos de Europa y de Oriente Medio, han dejado una huella indeleble en su idioma, en su ascendencia, en su cultura y en su sociedad.


Siglo VII | Los Harenes

Esta es una época de luces y sombras, que va desde el refinamiento más exquisito de las artes, hasta el pozo más hondo del oscurantismo. Es una época de harenes, califas y esclavos, que ha servido de inspiración para los posteriores pintores y escritores de los siglos XVIII y XIX (como veremos más adelante).

Estos son los puntos más relevantes de este importante período histórico que comienza en el 622:

  • Se señaló este año (622) como el 1º de la era musulmana.
  • Se prohíbe la representación pública de danza y canto.
  • Estas artes se mantienen únicamente en las cortes de los califas junto con la música, la poesía y la pintura.
  • La mayoría de los artistas eran esclavos, pero algunos de ellos muy cultivados y apreciados por su amplia cultura. Surgió la refinación en todas las artes. Las  mujeres con más talento eran instruidas en danza, música, poesía, canto, filosofía, matemáticas, astronomía o la salmodia del Corán.
  • Las esclavas llamadas “las animadoras” eran las más destacadas en este aspecto y gozaban de mucha más libertad de movimiento que sus compañeras, ya que vivían con su señor y asistían a todos los banquetes, fiestas y recepciones que se ofrecían en palacio, ya que ellas bailaban para el califa y sus invitados de honor.
  • No se dejaba estar presentes en estos espectáculos a las otras mujeres del harén, que se limitaban a mirar por las celosías. Después del espectáculo, la bailarina bailaba para ellas en la intimidad. Las otras mujeres participaban cantando, bailando y tocando instrumentos musicales. Ningún hombre, excepto del señor de la casa, tenía permiso para estar presente en estas celebraciones.
  • Los califas competían entre ellos a ver quien tenía mejores esclavas. Algunos de ellos gastaban verdaderas fortunas financiando la educación de algunas de ellas, no solo para alardear ante sus invitados, sino para revenderlas, ya que cuantas más artes dominara una esclava, más alto era su precio en el mercado. 
  • Habían algunos que llegaban a enamorarse profundamente de alguna de sus esclavas, haciéndolas incluso las señoras de la casa. A veces ese amor era correspondido por ellas de una manera sincera,  pero no hay que olvidar que las esclavas también eran conocidas por el arte del engaño, que aprovechando la devoción de su señor, se aseguraban de sacar el máximo partido de la situación para su propio beneficio, ya que debido a la situación de la mujer en esa época, se veían obligadas a realizar diversas artimañas para sobrevivir en un mundo de esclavitud extremadamente hostil.
  • 1258 se radicaliza el Islam y comienza el declive de las artes. Dejando aparte el ambiente de los harenes y el resto de las mujeres relegan definitivamente la danza, únicamente a la intimidad de sus casas.

Siglo VIII

El gran emperador Carlomagno prohibió todo tipo de danza, pero la ley dictada no fue del todo respetada. La danza continuó como parte de los ritos religiosos en los pueblos europeos aunque camuflados con nuevos nombres y nuevos propósitos. Además Carlomagno no sólo prohibió la danza, si no que también impuso otras reglas que prohibían algunos tipos de estudio y conocimiento.

A mediados de esta oscura edad, la iglesia finalmente tomó una decisión frente a estos hechos y contradijo las leyes que había dictado el emperador. Así que nuevamente algunas danzas se incorporaron en los ritos religiosos.


Siglos VIII – XV

Durante estos siglos no encontramos muchos registros sobre la danza.

Comenzaron tiempos de adversidad para el pueblo egipcio desde 1250 (llegada de los mamelucos) hasta el 1517 (en el que su reinado terminó). En su época el Cairo sufrió una epidemia de peste en 1348 y los negocios entre Egipto y Europa paralizaron el crecimiento de la ciudad desviándose el comercio a los puertos del Mediterráneo.

Pero a pesar de estas circunstancias, la danza siguió desarrollándose en la intimidad de los palacios. El país era gobernado por sultanes y por los ya mencionados príncipes mamelucos, que se diferenciaban de sus antecesores (los fatimíes) por saber disfrutar de todos los placeres artísticos. El sultán “Al Mansur Qalawun” (1291) mandó levantar la “Dahisha”, una especie de sala destinada a la música y la danza, frecuentada por las “risat”, que eran unas bailarinas que solían dirigir grupos artísticos.

La danza desapareció de los libros hasta los siglos XVI-XVII, pero realmente recuperó su auge en los siglos XVIII-XIX a través de las pinturas y relatos de los diversos viajeros que visitaban Egipto.


Siglos XVI – XVII

En Egipto por aquél entonces, la danza se bailaba en locales de dudosa reputación, mezclándose a veces con la prostitución. Es bien sabido, que la mayoría de bailarinas populares de la época tenían una procedencia humilde o esclava.

Las mujeres “decentes”  únicamente bailaban en privado en fiestas familiares o simplemente para su diversión y la de sus amigas, siempre lejos de las miradas indiscretas masculinas.


Siglo XIX en Egipto

Ésta fue una época de resurgimiento oriental. Después de varios siglos de oscurantismo y silencio, pintores, escritores, periodistas y poetas llenaron sus pinturas y sus relatos de sensuales mujeres orientales, de harenes y de esclavas.

En el siglo XIX existían en Egipto dos tipos de bailarinas: LAS GAWAZI Y LAS AWALIM

Las Ghawazee eran gitanas de mala reputación, que generalmente bailaban para un público de categoría social baja acompañadas por algunos músicos que tocaban instrumentos como el Ney (Flauta), Tabla (Percusión) y el Mizmar (trompeta).

Se instalaron en la periferia de las ciudades egipcias y se ganaban la vida gracias a sus espectáculos callejeros en zonas rurales, aunque también se dedicaban a hacer tatuajes, a realizar la circuncisión a los recién nacidos o a la adivinación a través de conchas y arena o a través de la lectura de la taza.

Su danza se basaba particularmente en los movimientos bruscos de cadera, sin demasiados desplazamientos ni florituras, fijándose seguramente, en las campesinas egipcias y en los bailes folklóricos de la época, compartiendo el espectáculo con juglares, adivinadores, magos, encantadores de serpientes y otros personajes de la era medieval. Lucían muchos adornos, brazaletes, colgantes, monedas, colores vivos y muy alegres. De ellas se dice que popularizaron el famoso pañuelo de monedas, ya que se cosían en las faldas las monedas que la gente les echaba. También era muy común verlas tocar los crótalos mientras bailaban.

Las malas lenguas decían que las bailarinas que iban a este tipo de festejos eran las más desprestigiadas, ya que bebían alcohol para desinhibirse, y sus danzas terminaban siendo poco decorosas. Había también otro tipo de bailarinas (casi siempre relacionadas con la prostitución) que se ofrecían a las mujeres de las casas, no para el entretenimiento, sino para enseñarles el arte de la seducción.

Años más tarde, surgieron las Awalim (las que saben), que eran mujeres libres, muy educadas y de gran cultura, que actuaban solo para las más exquisitas élites. Se dice que descendían de las más cultas mujeres de los harenes.

Después de la conquista de Egipto por Napoleón en 1798, las Awalim (musas de inspiración para los orientalistas) se van para que no se las confunda con las gitanas “Gawazi” que aunque ahora nos resulte un colectivo atractivo a imitar, debemos recordar que en aquella época no gozaban de muy buena popularidad. Las awalim volvieron de nuevo al Cairo, una vez ya se habían marchado las tropas francesas.

En 1834, las gawazi son expulsadas definitivamente del Cairo por el gobernante egipcio que reinó después de Napoleón, Mohamed Ali, que prohibió la danza en la vía pública. Algunas bailarinas quisieron burlar la prohibición, pero Mohamed las desterró a la ciudad de Esna (a 1.000 km al sur del Cairo), aunque ellas se establecieron en otras ciudades como Edfú y Luxor. No se les permitió regresar hasta 1866.


Durante estos dos siglos, en Occidente se comienza a poner de moda un cierto gusto por todo lo exótico y oriental, llegando a su auge con la conquista de Egipto por parte de Napoleón. Muchos pintores, escritores y poetas de la época, comienzan su particular peregrinación a oriente en busca de todo lo exótico que emanaba de esas tierras, dando lugar al período conocido como de “Los Orientalistas“. 

Pintores orientalistas como Fabio Fabbi, Otto Pilny, Giulio Rosati, Pierre Louis Bouchard, Carl Leopold Müller, Jean-Léon Gérôme, Willem de Famars Testas y Henri Adrien Tanouxentre, entre otros, plasmaron en sus obras su personal visión de la cultura árabe y cómo no, de las mujeres y sus danzas que tanto les llamaron la atención.

Muchos de ellos empezaron a poner de moda los estereotipos conocidos hoy en día relacionados con la mujer oriental, a veces, bastante alejados de la realidad, puesto que aunque varios de estos artistas sí viajaron a Egipto y otros países de la región, no necesariamente tuvieron acceso a los harenes, por ello no deben considerarse como una referencia histórica indiscutible. Algunos en su imaginería, representaban a las mujeres de los harenes desnudas y en actitudes un tanto extravagantes, quizás con la intención de escandalizar o impactar a la pudorosa y cristiana sociedad occidental de la época. 

A finales del siglo XIX todo lo relativo a las danzas exóticas de oriente seguía despertando muchísimo interés, aunque los grabados que encontramos las reflejan con cierta degradación, contrastando con las pinturas de principio de siglo, en las que podíamos ver elegantes y refinadas danzarinas. En su lugar, ahora solo destacan las figuras de bailarinas más bien vulgares; pero a pesar de todo, las danzas y las mujeres orientales, seguían despertando una intensa fascinación.

Una fascinación, que se incrementada por la información que llegaba, a través de los colonizadores españoles y franceses, que estrechaban cada vez más sus relaciones con el norte de África. Está muy bien documentada por ejemplo, la presencia francesa en Argelia, en donde encontramos una gran cantidad de pinturas y fotografías de la época. Las indígenas cobraban altos precios por ofrecerse como modelos, debido a la gran cantidad de artistas que había en este país.

Gracias a ellos tenemos numerosos registros de la tribu de las ouled nail, que a menudo se confunden con las gawazi, ya que comparten bastantes similitudes. Estas bailarinas argelinas, concretamente del desierto de Erg, llevaban una vida errante desde su más tierna infancia. 

Las ouled nail destacaban por llevar extrañas joyas repletas de monedas que les cubrían el rostro y parte del pecho (muchas veces mostrándose desnudo) que han inspirado en gran medida la estética del tribal americano, tan popular hoy en día. 


Centrándonos nuevamente en el Cairo y en su renacer artístico, debemos viajar hasta 1870 (año de máximo esplendor para la danza egipcia). Por aquel entonces, la vida artística de la ciudad se concentraba en un solo lugar: la calle Mohamed Ali, que tomó este nombre en 1845, en honor al gobernante de mismo nombre, que prohibió la danza callejera y que expulsó a las Gawazi del Cairo.

En esta calle es donde años después, se realizarían casi todos los espectáculos de la ciudad y donde vivían la mayor parte de los artistas. Surgieron grandes exponentes del cante y del baile egipcios, y es dónde también se origino el teatro ambulante, que visitaba aldeas y pueblos cercanos representando teatro y danza.

Las bailarinas de la época que gozaban de buen caché, normalmente dirigían sus propios grupos musicales. Una de estas importantes bailarinas fue Shawq, que alcanzó gran fama en el 1871. Solía bailar con el rostro cubierto, dándole mayor misterio a su danza. De ella se decía que atraía las miradas de todos los espectadores, que la contemplaban admirados.

Después de Shawq, surgieron otras muchas que decían ser sus discípulas, pero hubo una, que destacó de entre todas las demás, llamada Shafiqa la Copta. Era una devota practicante del Cristianismo que alcanzó altas cotas de popularidad siendo muy admirada por sus seguidores. Decían de ella que sólo con su mirada la gente se quedaba muda.

Abrió el cabaret “Las mil y una noches” en El Cairo donde dirigió un programa artístico lleno de música, danza y canto, llenándose de los personajes más importantes y refinados de la época. En una de esas brillantes noches, un empresario francés que visito el local, le propuso participar en la próxima exposición universal de París. Shafiqa aceptó encantada y viajó hasta Francia; corría el año 1900.

Shafiqa como de costumbre, deslumbró a todos con su danza, consiguiendo así el primer premio. Ganó muchísimo dinero durante toda su carrera (los zapatos que lució en París, tenían el tacón de oro y diamantes) pero a causa de su alto tren de vida y de su extrema generosidad con los más necesitados, murió en 1926 en la pobreza más absoluta y enferma de gravedad.

El cine se enamoró de su historia y su vida fue llevada a la gran pantalla en 1963 por el director Hassan Al Imam con el título de “Chafika el Keptia” y protagonizada por la bailarina y actriz Hind Rostom, apodada “la Marilyn Monroe de Oriente”.


Las ferias universales comenzaron el año 1790 en París. Aquí nos centraremos en las más relevantes en lo que a historia de la danza.

La feria de Paris en 1889: Tuvo como símbolo principal de la exposición la Torre Eiffel, completada ese mismo año y que servía como arco de entrada a la Feria. Hubo 32.250.297 visitantes que pudieron admirar las muestras de arte, arquitectura y los más punteros avances tecnológicos de la época, que procedían de distintos lugares de Europa, Sudamérica, Estados Unidos y de las colonias francesas. Una de las atracciones que más llamaron la atención fueron el bazar egipcio y la “Rue du Caire” (la calle del Cairo) dónde recrearon una calle egipcia con todo lujo de detalles, con sus restaurantes típicos, sus tiendas y cómo no, con sus danzas callejeras (debían ser un grupo de “Ouled Nail” procedentes de Argelia o un grupo de “Gawazi”). Aquellas bailarinas desde luego fueron toda una revolución. En aquella época no se concebía más danza que la clásica, así que una mujer bailando descalza, con el pelo suelto y moviendo separadamente el vientre del resto del cuerpo de una manera tan descarada, era como mínimo escandaloso, por no hablar de que enseñaban los tobillos y no llevaban corsé. En esta feria es donde se acuñó el término “Danse du ventre”

La feria de Chicago en 1893: La exposición trató sobre el tema de cuarto centenario del descubrimiento del Nuevo Mundo por Cristóbal Colón. Había numerosos pabellones que mostraban grandes maravillas, pero la calle del Cairo, destacó nuevamente. El promotor artístico Sol Bloom, había quedado prendado de las bailarinas norteafricanas que había visto en la Exposición Universal de Paris en 1889, así que introdujo la calle del Cairo en la feria de Chicago, recreando al igual que en París, el ambiente del Egipto de la época con todo lujo de detalles, representando su vida cotidiana. Allí presentó un show llamado “The Algerian Dancers of Morocco” (bailarinas argelinas de Marruecos), en la que participaron bailarinas argelinas (de la tribu ouled nail), gitanas gawazi de Egipto, y bailarinas de otras regiones del norte de África. Según los datos oficiales del evento, se vendieron 2.250.000 entradas para poder disfrutar de esta calle. El término “Danza del Vientre” se volvió a introducir en los carteles que anunciaban los espectáculos y aunque las danzas representadas no mostraban más parte desnuda que sus tobillos, no fue suficiente para impedir la indignación de los visitantes.

De igual modo que la feria de París fue la tarjeta de presentación de la danza oriental en Europa, la feria de Chicago lo fue para América. Pero además, hubo un escurridizo personaje, que hizo de esta feria un “boom mediático” de la época. Hablamos como no, de la misteriosa “Little Egypt” (pequeño Egipto).

Según la prensa de la época, hubo una bailarina que fue la sensación de la exposición, pero en realidad, nadie sabe con claridad la identidad o procedencia de esta bailarina. 

Tema: Nivel MEDIO – 3er año
Hora de inicio de la reunión : 1 jun. 2021 07:32

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¿Fátima? Sol Bloom en su biografía, asegura que no contrató a nadie bajo ese nombre, aunque eso tampoco es garantía de que no la hubiera, ya que algunas fuentes aseguran que sólo era llamada así entre bastidores por los otros artistas, debido a su corta estatura y que en realidad, era una bailarina siria llamada Farida Mazar Spyropoulos, que formaba el grupo de las “Raqs Dancers” anunciadas por Bloom como “The Algerian Dancers of Morocco”

Otro rostro para esta enigmática bailarina fue Fátima Djemille. De ella se dice que fue la primera bailarina oriental popular en Estados Unidos. Jamila Salimpour apuesta por ella como la auténtica “Little Egypt”. Fátima fue filmada por Thomas Edison en 1896, en un film etiquetado de inmoral llamado “Fatima’s cochee-cochee dance”, famosa por ser una de las primeras películas censuradas por franjas oscuras que tapaban las partes pudorosas de la bailarina (pecho y caderas) mientras se movía.

La feria de París en 1900: es la feria donde participa la bailarina egipcia Shafiqa la Copta,  que ganó el primer premio gracias a su magnífica actuación, seguramente con su danza del candelabro que tanto la popularizó

Danzas que se realizaban a principios de siglo filmadas por Thomas Edison entre otros.


Sigue leyendo sobre: LA EDAD DE ORO DE DE LA DANZA ORIENTAL


Bibliografía

  • Shokry Mohamed: “La danza mágica del vientre”
  • Shokry Mohamed: “La mujer y la danza oriental. Ladanza mágica del vientre (II)”
  • Shokry Mohamed: “El reinado de las bailarinas”
  • Giselle Rodríguez Sánchez: “Danza Oriental en Egipto”
  • Bianca Surgaly: “Historia Extendida de La Danza Oriental”

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